Discurso con ocasión del CXC aniversario de la Batalla de Ayacucho. Día del Ejército del Perú

LA BATALLA DE AYACUCHO, EL EJÉRCITO Y LA VIDA NACIONAL.

Por  Crl. EP «R»  Angel Arturo Castro Flores.

Este martes 9 de Diciembre la Nación peruana celebrará en todo el ámbito de nuestro territorio el CXC aniversario de la Batalla de Ayacucho. Hito memorable de nuestra historia Republicana, que brilla tanto o más, que la estrella luminosa de nuestro amanecer y que, por su importancia, trascendencia histórica y el rol cumplido durante la campaña libertadora, fue establecido como día del Ejército del Perú.

La Batalla de Ayacucho no es sino el corolario de la campaña libertadora que se prolongará hasta el 2 de Mayo de 1866, en que derrotadas las fuerzas realistas, regresarán a España definitivamente. Recordemos que, la expedición libertadora comandada por el General José de San Martín desembarcó en Paracas el 8 de setiembre de 1820. Aquí, se incorporaron numerosos voluntarios pidiendo su alta en el Ejército Libertador, actitud patriota que, animó al General San Martín a organizar las primeras unidades peruanas.

El 21 de octubre de 1820, decretó la creación de la bandera del Perú y del Escuadrón de Auxiliares de Ica. En Noviembre los Cazadores del Ejército; y en Enero de 1821, el Batallón Leales del Perú y el Escuadrón Húsares de la Escolta. Luego de la proclamación de la Independencia el 28 de julio de 1821, el general San Martín oficializó la creación del Ejército.

Celebrar este hito glorioso en nuestro calendario, es traer al presente aquellos lugares memorables donde se desarrolló esta cruenta batalla. Allí se eleva el  Condorcunca cual guardián pétreo, sobre la inmensa Pampa de la Quinua, mudo testigo de aquella jornada violenta. El parte oficial habla de  “1800 cadáveres y 700 heridos fue el resultado total”.  La fuerza telúrica de los Andes se concentró en las fuerzas libertadoras, que infligieron una derrota a los realistas.

Los hombres de aquellos tiempos, lucharon convencidos que la Emancipación y la ansiada Libertad que perseguían tenía un costo muy alto y que esta sería fruto solamente de  una victoria. No había otro resultado, una derrota hubiera sido fatal para las aspiraciones libertarias. Sucre, Córdova, Lara, La Mar y Miller, enfrentaron, a La Serna, Valdéz, Monet, Villalobos y Canterac. Y los vencieron inobjetablemente. Fue una gran victoria.

Al recordar el origen del Ejército, observamos que se funde en el tiempo con las organizaciones pre-incas. Sus bases se encuentran en la tradición guerrera, cuyos íconos pétreos se encuentran en el Templo de Sechín. Se enriqueció con el aporte de las culturas Nazca, Moche, Wari, Chavín, Tiahuanaco y se fortaleció con el desarrollo alcanzado durante el gran Imperio de los Incas.

Si hacemos un recorrido histórico, caminaremos por las tierras del Señor de Sicán en Ferreñafe, donde descubrieron restos óseos de siete personajes importantes. El Señor de Sipán en Lambayeque. La Dama de Cao en la Libertad y las sacerdotisas de San Juan de Moro, revalorizan  el rol fundamental que cumplió y cumple la mujer en nuestra historia. Ellas también supieron gobernar en el pasado. Hoy, Carál en Supe es un mundo aún por descubrir.

Durante los tres siglos de dominación hispana, los nativos de estas tierras opusieron férrea resistencia. Allí están escritas con páginas de gloria, los levantamientos de Manco Inca, Juan Santos Atahualpa, José Gabriel Condorcanqui “Túpac Amaru II”, Francisco de Zela, los hermanos José, Gabriel y Mariano Angulo y Mateo Pumacahua, entre otros patriotas que lucharon por la libertad de nuestro país.

En la etapa correspondiente a la Campaña por la Independencia, el Ejército no tenía una partida de nacimiento oficial. Sin embargo, contribuyó con su esfuerzo y sacrificio a la consolidación de nuestra Independencia. Esta etapa termina con las célebres batallas de Junín y Ayacucho.

Entre 1825 y 1866 se consolidó nuestra República. En este periodo se llevó a cabo el glorioso combate del 2 de Mayo en el Callao. España jamás se resignó a la pérdida de sus dominios de ultramar. Una expedición llegó a nuestro mar amenazando nuestra frágil Independencia. Expresión sublime de unidad del pueblo peruano con sus fuerzas armadas, en defensa de nuestra Soberanía e Independencia.

También vivimos una etapa negra, la Guerra del Pacífico 1879-1883. Periodo de triste recordación, en que la improvisación de los gobiernos, la corrupción, el despilfarro de los dineros del Estado y la falta de previsión, facilitaron nuestra derrota ante nuestro enemigo del Sur. Perdimos esa guerra por falta de una visión estratégica de los gobernantes de aquellos años. El Perú sucumbió ante un enemigo, que se preparó con muchos años de anticipación y que recibió apoyo de Inglaterra.

Posteriormente, el Ejército participó en la campaña militar contra Colombia en 1933, contra Ecuador en 1941. Fueron actos valerosos enmarcados en la defensa de nuestra Soberanía e Integridad territorial. Luego vendrían las operaciones militares de la Cordillera del Cóndor en 1981, que ratificó la validez del Protocolo de Río de Janeiro, y el Alto Cenepa en 1995.

Durante el proceso de Pacificación Nacional, en el marco de la Estrategia Contrasubversiva gubernamental, se priorizó y obtuvo la adhesión de la población y se unificó las labores de inteligencia. En base a un trabajo coordinado con los otros institutos de las FFAA,  la PNP y los Comités de Autodefensa, se logró la derrota de las organizaciones subversivas SL-MRTA, que hoy nuevamente vienen tiñendo con sangre de policías y soldados valerosos el VRAEM.

Hemos realizado una apretada síntesis de la historia de nuestro Ejército que abarca casi tres mil años. ¿Y cuál es la finalidad?

Primero, sobre las bases sólidas ancladas en el devenir de la patria, reflexionar sobre el importante rol que ha cumplido y cumple el Ejército en nuestra sociedad y el que cumplirá en este Siglo XXI. Por otro lado, tener presente que hubo etapas en que nuestro Ejército se ha movido de manera pendular. Entre momentos de gran fortaleza en su equipamiento, preparación y entrenamiento de sus fuerzas.

A diferencia de otros periodos, en que hubo falta de una visión geopolítica, desidia, improvisación, recortes presupuestales, malos salarios y pensiones congeladas para su personal, indiferencia y apatía del poder político. Ejemplos hay muchos, la etapa anterior a la guerra con Chile y se repite desde los primeros años del presente siglo.

Han transcurrido ciento noventa años de aquella jornada patriótica,  Ayacucho sigue siendo la estela que ilumina el accionar de los hombres del Ejército, el ejemplo para las generaciones venideras, que hoy continúan con esa responsabilidad enfrentando a los enemigos de nuestra patria.

Ayer se luchó para poner fin a la dominación española de tres siglos en nuestras tierras, consolidar nuestras fronteras y lograr la pacificación nacional. Hoy los retos son más grandes, obedecen a una serie de amenazas que se ciernen sobre nuestra patria como: El Terrorismo, la Delincuencia Organizada Transnacional, el TID, la Corrupción, el Lavado de Activos, la Pobreza Extrema y la Exclusión Social. Los Desastres Naturales, el VIH/SIDA y el deterioro del Medio Ambiente.

En este Siglo XXI, considerado como el de la era del conocimiento y el desarrollo tecnológico, el Gobierno tiene la urgente responsabilidad de proporcionar las condiciones de equipamiento y preparación; y el Comando del Ejército la de conducir los destinos de nuestra Institución, con una visión moderna, que permita cumplir la finalidad constitucional y la misión asignada, en las mejores condiciones de preparación y equipamiento, tal como expresa su Visión “Ejército disuasivo, reconocido, respetado e integrado a la sociedad”.  

¡Ayacucho!

No es solo una victoria por la Libertad. Ayacucho es más que ello. Es una página de importancia vital y significativa en el libro de su historia institucional. Ayacucho fue el bautizo de fuego que recibieron las primeras fuerzas nacionales organizadas, frente a las fuerzas enemigas de la Libertad. Ayacucho es la herencia guerrera que hoy luce con orgullo nuestra Institución en pleno S. XXI.

¡Señores!

Queda pendiente aún, que el gobierno cumpla con su promesa de mejorar las pensiones para el personal en retiro, reconocer el trabajo realizado por sus veteranos, quienes después de haber entregado toda una vida de sacrificios enfrentando principalmente a la amenaza terrorista, somos hoy, en el presente los grandes marginados, los olvidados, los rechazados.

No seremos más, mendigos en esta tierra de promisión que es pasto de los tiburones de la corrupción, que hoy campea en nuestra sociedad. Hasta cuándo esperaremos que la justicia realmente se imponga y se reconozca el valor de los soldados y policías veteranos, quienes sí, se fajaron por defender los valores éticos y morales de nuestra nacionalidad.

Nuestro homenaje a todos los integrantes del Ejército, sus familiares, sus viudas y discapacitados, que se encuentran en las diferentes regiones de nuestro país. Este 9 de diciembre un Feliz Día para todos los integrantes del Ejército, especialmente para aquellos que combaten en el VRAEM contra el narcosenderismo homicida, en nombre y defensa de nuestra querida patria.

¡Viva el Ejército!

¡Viva el Perú!

 

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